La Gran Guerra en los Balcanes y dos mitos políticos

Por un lado la “Roma” austríaca, por el otro el “Piamonte” serbio y en medio la Primera Guerra Mundial cuyo comienzo los dos países disputarán este año.

La Gran Guerra en los Balcanes y dos mitos políticos.

El “Piamonte” serbio y la “Roma” austriaca – David y Goliat de la Gran Guerra.

“Las ideas que una nación tiene de sí misma, de su destino, objetivos e ideales, según Slobodan Jovanović, se originan principalmente de cuentos populares y leyendas, es decir, mitos, y luego se convierten en un contenido inspirador de obras ideológicas pertenecientes a diferentes intérpretes de la ´autoconciencia nacional´: políticos, escritores y científicos,” se dice en el texto de Gordana Đerić Mito nacional como un estereotipo integrador (Nacionalni mit kao integrativni stereotip, Komunikacija.org.rs, 2005). Sin embargo, si uno tratase de comprobar esta aclamación en una nación, o unas naciones, los pueblos de Austria y Serbia podrían servir de ejemplo. De hecho, la razón de esto radica en el hecho de que dichos dos pueblos, tal y como sus países, en el pasado se confrontaron en varias ocasiones debido a ciertos mitos que tenían sobre sí mismos. En este sentido, uno de los conflictos más significativos son sus batallas dentro de la Primera Guerra Mundial, también conocida como la Gran Guerra, para las cuales el terreno fue preparado tanto por mitos políticos como por la historia.

El legado imperial de la antigua Roma

“La historia no trataba de forma igual a Austria y Serbia – mientras el reino medieval serbio se hundía lentamente en la oscuridad de la época otomana, las dinastías austríacas, primero los Babenberg y luego los Habsburgo, asumieron la tradición política del antiguo Imperio Romano deseando su gloria,” se explican las circunstancias históricas que precedieron al estallido de la Primera Guerra Mundial en los Balcanes en el artículo La Gran Guerra, los mitos serbios y austríacos (Veliki rat, srpski i austrijski mitovi, RTS.rs, noviembre de 2013). A continuación, en el artículo se expone el hecho de que los emperadores de Habsburgo al mismo tiempo fueron los reyes del Sacro Imperio Romano Germánico hasta el año 1806 cuando el emperador Franz II, temiendo que Napoleón podría robarle la corona, con un decreto lo abolió. No obstante, con su fin tampoco se murió el tal llamado reflejo o tradición imperial romana. “La tradición imperial romana significa principalmente una cosa – la constante expansión. A esta tradición Viena la convierte en un mito, el mito lo transforma en política y la política en una actitud moral que luego transfiguró en prácticamente el único objetivo realista en el momento: Bosnia y Herzegovina,” se concluye en el artículo.

La consecuencia de la dominación otomana

Además de Bosnia y Herzegovina, sin embargo, se hallaba Serbia, es decir, los territorios serbios que a partir de la Segunda Insurrección Serbia (1815) sucesivamente salen del Imperio Otomano. “El antiguo desarrollado reino medieval serbio se redujo a principios del siglo XIX al pueblo de los recuerdos rotos, de nuevas identidades culturales, del lenguaje devastado, de las élites políticas brutales y de la élite cultural prácticamente destruida. (…) La nación que ha perdido tanto cree que tiene que recuperar mucho – ante todo debe definir sus fronteras, decidir lo que es suyo y lo que no es, quién está ´dentro´ y quién ´fuera´, qué teritorio sería suyo si no hubiera habido aquel desafortunado episodio otomano,” opina el historiador Vladan Jovanović en el texto Los mitos y el pasado utilizable (Mitovi i upotrebljiva prošlost, Peščanik.net, diciembre de 2013). En otras palabras, en los dos últimos siglos nace el mito de la unificación y de la definición final de las fronteras, la idea de Serbia como el Piamonte balcánico.

La expansión contra la unificación                                                                                   

“Estos dos mitos – el de la expansión imperial y el de la unificación nacional – en la víspera del asesinato en Sarajevo tanto simbólicamente como físicamente se tocaban entre sí,” se considera en el artículo La Gran Guerra, los mitos serbios y austríacos haciendo referencia al asesinato del archiduque austrohúngaro Franz Ferdinand y su esposa Sofía en Sarajevo que, el 28 de junio de 1914, cometió el miembro de la organización secreta Joven Bosnia, el bosnio-serbio Gavrilo Princip. Dicho asesinato se considera el detonante de la Primera Guerra Mundial que comenzó en julio del mismo año y trajo, al menos a los Balcanes, tanto batallas significativas (la Batalla de Cer tuvo lugar un mes más tarde y fue la primera victoria del ejército serbio ante el austrohúngaro, también la primera victoria de los Aliados) como el número de victimas (Serbia, por ejemplo, en la guerra perdió casi 1,3 millones de la población). Consecuentemente, con el tiempo comenzaron a aparecer las comparaciones igual de grandilocuentes, de modo que de la retirada del ejército serbio por Albania y Montenegro a menudo se habla como del Armagedón serbio, mientras la relación entre las dos fuerzas se comparan con la de David y Goliat, en favor del Imperio Austro-Húngaro.

Entre la distancia y las consecuencias

Bien que, nada menos grandilocuente, al menos en la opinión pública serbia, no parece un tema referente al mismo Gavrilo Princip sobre el que se discute los últimos meses. De hecho, con motivo del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, que se celebrará este año, de nuevo se plantea la cuestión de lo que realmente era ese estudiante de secundaria menor de edad: ¿un apasionado partidario de la idea yugoslava, un joven manipulado o un simple terrorista? La respuesta, no obstante, en este caso quizás se puede encontrar en un lugar inesperado, o de la persona inesperada. En concreto, cuando con motivo del bicentenario de la Revolución Francesa le pedían la opinión al estadista chino Deng Xiaoping sobre la misma, éste contesto que todavía era demasiado pronto para opinar. Pero mientras unos decidirán mantenerse al imagen y dejar que la distancia histórica diga lo suyo, otros – Austria y Serbia – juzgando por su conducta, lo más seguro tendrán unas opiniones, tal vez justo bajo la influencia de ciertos mitos políticos. Sólo que las consecuencias no sean igual de perjudiciales como las de los mitos de la expansión y de la unificación tanto por Austro-Hungría que perdió la guerra y la gran parte de su territorio, como por Serbia cuya población, aunque siendo ganadora, era casi una tercera parte más pequeña comparando con los datos del censo de 1914.

¿Conoces tú algún mito político?

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