La escena política serbia y Pinocho con un coche oficial

Durante los últimos quince años, la escena política serbia se identificó varias veces con la escena de un teatro de títeres.

otro guión político proveniente de Serbia

La escena política serbia y Pinocho con un coche oficial

“¿Miente Pinocho solamente cuando habla o también mientras piensa? A esta pregunta la respuesta adecuada no la podría proporcionar ni el mismo Pinocho simplemente porque en la verosimilitud de su respuesta de entrada se sospecha. ¿De qué manera, entonces, la mala reputación de esta marioneta de madera armoniza con otras que figuran en la escena? No hay una solución simple ya que con el tiempo el número de muñecas creció tanto que uno tiene la impresión de que Serbia entera se convirtió en un teatro de títeres donde la cabeza de todo el mundo pende de un hilo delgado,” se expone en la crítica de la colección de aforismos Así habló Pinocho (Beograffiti, Belgrado, 2001) – la crítica fue publicada en septiembre del mismo año en la revista ETNA – del aforista serbio Milan Beštić. Sin embargo, dicha crítica no figura como el único caso donde el nombre de Serbia se ha relacionado con la representación de títeres, pese a que otros se centraron en la conexión entre éste y un término más específico, la escena política serbia.

La caída de Milošević y unas muñecas nuevas

“La escena política serbia después del 5 de octubre fue un teatro de marionetas en el que las cuerdas fueron tiradas por Popović, Čume y Legija,” afirmó el ex ministro serbio de la policía Dušan Mihajlović durante el juicio ante el Juzgado Primero Municipal de Belgrado tras el asesinato del primer ministro de la época Zoran Đinđić. Esta afirmación, no obstante, formaba parte del informe titulado A Đinđić le mataron amigos de Popović (en original, Đinđića su ubili Bebini prijatelji) transmitido por el diario Press en enero de 2009 en referencia al 5 de octubre de 2000, que representa simbólicamente el día en que el ex presidente de la República Federal de Yugoslavia Slobodan Milošević perdió su función en el país. A continuación, a la escena política yugoslava, así como a la serbia, entra el gobierno elegido democráticamente. Sin embargo, tras dicho asesinato en marzo de 2003, el nuevo gobierno comienza a perder apoyo, aunque la primera equiparación directa de los gobernantes con marionetas de la mafia o de los tal llamados “factores externos” lo hizo precisamente Mihajlović.

¿Nunca más No lo siento?

La misma equiparación, solo de una manera más sutil, durante casi dos años la adoptó la serie de títeres serbia No lo siento. En concreto, a través de cuatro temporadas que se emitieron en la televisión Pink (agosto de 2003 – abril de 2005), esta serie, similar a la británica Spitting Image, mostraba a los actores más importantes de la escena política de Serbia como muñecas a las que alguien más “tiraba de las cuerdas y les prestaba voz”. Con tal imagen, a más a más, los ciudadanos serbios se pusieron de acuerdo; por lo menos a eso indica la información, publicada en la descripción de la serie (Wikipedia), según la cual durante el último mes de su existencia la serie tenía más de un millón de espectadores diarios.

Bien que, la considerable audiencia no influía en que la misma no se retirase del programa al transmitir “el episodio más polémico de todos, Hamlet”. Referentemente, el guionista y director Srđan Češić no culpaba a la televisión por este acto, sino en una entrevista para el semanal Standard de mediados de 2009, conforme al concepto de la serie, explicó: “Los responsables de esta situación en los medios de comunicación sin duda son los que crean el espíritu de la época, lo que los alemanes llaman Zeitgeist. En nuestro caso, éstos son probablemente políticos limitados y aquellos que les controlan”.

El Pinocho y el Gepetto montenegrino

A que el Zeitgeist durante los últimos 6 años no ha cambiado en los Balcanes lo testifica, sin embargo, el texto del columnista montenegrino Andrej Nikolaidis No es Njegoš lo que dicen que es, sino es el caballero de Montenegro (Nije Njegoš što vam zbore, no je vitez Crne GoreAl Jazeera Balkans, febrero de 2014). Pese a que se centra principalmente en la escena política de Montenegro, y luego en la serbia, Nikolaidis no hace ninguna distinción entre estos dos países cuando dice que “aquí se gobierna porque Gepetto te arrastra al trono y se dejará de gobernar cuando él te saque de allí”. “No consigo dejar de pensar que nuestro campo político es como un teatro de títeres donde, en lugar de los niños, a las intrigas, conspiraciones, traiciones y victorias de las muñecas las aplaudamos nosotros, supuestamente personas maduras”, se narra en el texto. Además, el autor hace hincapié sobre el destino de que, en su opinión, podrían correr todos los Pinochos tanto montenegrinos como serbios: “En el capítulo 15 de la versión original, Pinocho muere de una manera horrible: es colgado por sus múltiples pecados. Si yo fuera Pinocho con un coche oficial y un avión privado, intentaría acordarme de eso”.

La desproporción de la sombra serbia

Esta advertencia, sin embargo, en cierta medida abre la siguiente pregunta: ¿En qué se convertiría la escena política serbia si de repente, de una manera u otra, desapareciera Pinocho? Tal vez, de acuerdo con el título de la canción The Show Must Go On (Queen, 1991), seguiría existiendo solo de otra forma, en forma de, por ejemplo, teatro de sombras.

Hablando de títulos y de sombras, no estaría de más hacer una digresión al título de un artículo publicado en el diario Politika (noviembre de 2014). De hecho, el título Somos un pequeño teatro, pero hacemos una gran sombra representa la paráfrasis de las palabras del director de teatro Duško Radović de Belgrado, Alek Rodić, tal y como un tema para pensar. Dicho de otro modo, sería interesante ver qué medida tendría “el teatro serbio” si saliesen de la sombra todos aquellos que se cree que dictan lo que decían y lo que dirán sus Pinochos políticos.

¿Te parece adecuada la comparación de la escena política serbia con un teatro de títeres?

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3 pensamientos en “La escena política serbia y Pinocho con un coche oficial

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