Cambiar el canal o no, ésa es la cuestión

¿Qué pasaría si una parte de los refugiados decidiese buscar asilo en Serbia al, imaginémoslo, no poder entrar en Hungría? ¿Continuaríamos simpatizando con ellos en ese caso particular también, y por cuánto tiempo?

periodista serbia

Stasa Durdic, periodista

Se ha acabado agosto, el mes durante el cual el estado serbio por primera vez desde su independencia recibió un gran número de refugiados en su territorio. El mismo mes, no obstante, o más precisamente el 5 de agosto, el gobierno del país insistió en la tal llamada “cultura de no olvidar” para conmemorar los 20 años desde que, debido a la operación militar Tormenta en Croacia, más de 200.000 refugiados llegaron, entre otros sitios, a su capital, Belgrado. Bien que, existen numerosas diferencias entre los refugiados de agosto de hace dos décadas y los de este año, pero algunas de las más significantes son las siguientes: de la Tormenta croata huían personas de origen serbio, mientras ahora los refugiados provienen mayormente de Siria e Irak. Además, el estado que recibía los serbios de Croacia era la República Federal de Yugoslavia (RFY), entretanto actualmente estamos hablando de la República de Serbia. A parte, a los refugiados de Croacia, por lo menos según el portal de Internet Peščanik, no se les permitía entrar en el centro de la ciudad.

Quizás dicha decisión de las autoridades locales de Belgrado fue tomada debido a la circunstancia de que numerosos refugiados llegaban a lo que para muchos sería su nuevo país conduciendo tractores o sentados en los remolques. De hecho, se hace difícil imaginar que la principal ciudad de un estado, aunque por un corto período de tiempo, esté “inundada” por decenas de miles de tractores. Sin embargo, no me parece nada menos difícil imaginar el escenario en que decenas de miles de refugiados – pese a que no vienen en los tractores, sino predominantemente en trenes – se alimentan y duermen, aunque sea por un corto período de tiempo, en varios parques de Belgrado, uno de los cuales está situado justo en el centro de la ciudad, cerca de la estación de autobuses. (Des)afortunadamente, esta situación no es necesario imaginarla. Es suficiente pasar por las calles de Belgrado durante las últimas semanas y no cambiar el canal.

¿De qué se trata realmente? Se trata de la mayor ola de migración después de la Segunda Guerra Mundial cuyos protagonistas se mueven, entre otras, por la llamada Ruta de los Balcanes (empieza en Turquía y pasa por Grecia, Macedonia y Serbia para acabar en Hungría u otro país de la Unión Europea). Las personas en cuestión, muchos de ellos residiendo en los parques, despiertan en una parte de los ciudadanos serbios la compasión y el deseo de ayudarles – de lo que escribió la revista Business Insider – a pesar de que al mismo tiempo hacen que los demás sientan temor y sospecha. Sin embargo, no solo su presencia en Serbia despierta sentimientos, ya sean positivos o no, sino también abre la pregunta. ¿Cómo es que todas estas personas justo en este momento tratan de refugiarse?

En referencia, el periodista del diario serbio de Politika Boško Jakšić en su columna titulada Los refugiados de mando a distancia escribe: “¿Por qué este año hay tres veces más personas refugiadas que el pasado cuando el Estado Islámico conquistó gran parte del territorio de Irak y Siria? Si en 2014 por el interior de Siria se desplazaron casi siete millones de personas, mientras que cuatro millones huyeron a Turquía, Líbano y Jordania – de donde solo una minoría continuó hacia Europa – ¿por qué entonces no empezó una migración como la actual?” Por otra parte, en el texto se hace un recordatorio al caso de solicitantes de asilo de Kosovo desde el comienzo del año en curso; la redada masiva comenzó abruptamente y acabó de la misma manera debido a que su “mando a distancia” o su organización se hallaba en la capital de Kosovo, Priština, escribe Jakšić. A continuación, el columnista compara la situación desde entonces con la presente y considera que los refugiados actuales también forman parte de un juego geoestratégico grave, salvo que no revela el propietario del mando a distancia en este caso, sino insta a los lectores a reflexionar quien podría serlo, en caso de que existiera. Además, en el citado artículo se sugiere que pensar en los impulsores de la mencionada migración no provoque que “giren cabeza de los propios refugiados”, sino que fomente lo que podría denominarse una cultura de la compasión hacia los mismos ya que, sea “controlado a distancia” o no, el destino de un refugiado es igualmente difícil, entretanto la oportunidad para un nuevo comienzo, al menos así nos enseñan desde la infancia, todo el mundo la merece.

Hablando de los comienzos, ya está aquí el mes de septiembre; los niños empezarán el colegio, mientras un cierto número de refugiados iniciará su camino rumbo a Hungría. Pero aún así, ya que fomentamos la “cultura de no olvidar” el sufrimiento de nuestros compatriotas del año 1995, no estaría de más no pasar por alto el hecho de que muchos de ellos aparcaron sus tractores por todo el país y se establecieron en él de forma permanente. Y en este sentido, surgen nuevas preguntas: ¿Qué pasaría si una parte de los refugiados decidiese buscar asilo en Serbia al, imaginémoslo, no poder entrar en Hungría? ¿Continuaríamos simpatizando con ellos en ese caso particular también, y por cuánto tiempo? En otras palabras, el famoso dilema de Hamlet, pero en un contexto nuevo: Cambiar el canal o no, ésa es la cuestión.

¿Estás de acuerdo con la tesis de que la posible causa de la actual crisis migratoria es un particular “mando a distancia”?

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