Los residuos humanos de hace medio siglo y los actuales

Utilizando la metáfora relacionada con la profesión de un director de cine, Simić insiste en que los refugiados se retratan como personas ante las cámaras, por ejemplo en informes de televisión y reportajes. Bien que, se convierten en “residuos humanos” tan pronto como las cámaras se apagan.

periodista serbia

Stasa Durdic, periodista

“Una pequeña nación de amos se siente amenazada: invitó a venir a los trabajadores, pero vinieron las personas,” consideraba el escritor suizo Max Frisch hace casi cinco décadas. Dicha frase, sin embargo, se refiere a las circunstancias en que durante los años 60 del siglo pasado, a la “pequeña nación de amos” – los compatriotas de Frisch – comenzaron a llegar, según ciertas estimaciones, alrededor de un millón de trabajadores de la antigua Yugoslavia. Los trabajadores en cuestión se denominaban gastarbeiter – un término alemán que significa “trabajadores invitados” – por lo general hombres dispuestos a realizar trabajos no cualificados y semicualificados cobrando unos salarios más bajos en comparación con los de la población local. La misma experiencia también la obtuvo la “gran nación de amos”, o los alemanes, cuyo estado de Alemania Occidental, tras el éxito del Plan Marshall, continuó desarrollándose económicamente debido a, entre otras cosas, mano de obra relativamente barata de los gastarbeiter. Bien que, según lo escrito por el periodista croata y escritor Miljenko Jergović en su comentario para el diario Jutarnji list, “en lugar de que un día se fueran tal y como llegaron, una parte de los trabajadores invitados (yugoslavos) se habitó permanentemente en estos estados, tuvo hijos, se compró casas con jardines y se convirtió en personas”.

La ola de emigración en cuestión, de hecho, se produjo con la liberalización de la salida del país a principios de la década en cuestión, por lo que durante los años Yugoslavia constaba como un estado de excelencia que exportaba la fuerza de trabajo a Alemania, pese a eso, no hay que pasar por alto que los gastarbeiter no procedían solo de ese estado socialista. Sin embargo, en este texto me centraré únicamente en trabajadores invitados yugoslavos, es decir, en aquella parte suya cuya decisión de quedarse a vivir en uno de los dos estados, como escribe Jergović, causó temor en varios alemanes y suizos, tal y como la duda: “Dios mío, ¿éstos ahora empezarán a comerse nuestros bollos de pan? ¿Dejarán los niños en nuestras guarderías y se enterrarán en nuestros cementerios?”

Pero bien, ¿por qué elegí centrarme sobre todo en los gastarabeiters que con el tiempo se transformaron en inmigrantes yugoslavos en Alemania? La razón de esto radica en el hecho de que, desde que el Frisch pronunció su famosa frase en 1966, otra considerable parte de los ex yugoslavos se hizo refugiados. En breve, todos ellos – tanto inmigrantes como refugiados de los años 90 – sin duda temían frente a la pobreza o a Las Guerras de Yugoslavia, mientras su presencia provocaba miedo entre la población local de estados que les recibieron.

Al igual que los refugiados actuales de Oriente Medio y África del Norte, diría alguien. Sin embargo, aunque tal comparación no es infundada, se hallan algunas diferencias. Los gastarbeiter, por ejemplo, eran invitados a trabajar y residir por un tiempo limitado en dichos paises, entretanto hoy en día nadie invitó a los refugiados a la Unión Europea ni siquiera por un tiempo limitado, o por lo menos no abiertamente.

Pero nos detengamos en una similitud entre la situación de hace 50 años y la actual, es decir, en el espanto de que los recién llegados no se conviertan en personas. Dicho espanto se siente en la construcción “la invasión de los migrantes”, utilizada por parte del portal de Internet Express.co.uk pese a que es mucho más común usarla cuando se habla de la invasión de langostas. Además, el mismo miedo se difundió por el tabloide británico The Sun cuando su columnista Katie Hopkins a los refugiados de Oriente Medio les llamó “cucarachas”. En definitiva, parece que los refugiados actualmente pueden ser cualquier animal, menos el que piensa, y si tienen que ser vistos como personas, en ese caso llegan solo hasta el nivel de “residuos humanos”.

“Residuos humanos”, de hecho, representan el concepto definido por el filósofo y sociólogo polaco Zygmund Bauman. En particular, se trata de “una masa de poblaciones superfluas de emigrantes, refugiados y demás parias”, bajo cuyos marcos caen los refugiados actuales. “La mayoría de los sirios y libios no vino a Europa, sino huyó a países vecinales o fue asesinada – un cuarto de millón de sirios – aunque los que llegaron ahora no pueden volver porque su país se encuentra en medio de la guerra. (…) Los alojamientos para esta gente, sin embargo, se construyen a lo largo de Europa, pero normalmente fuera de los asentamientos existentes que refuerza la opinión de que los recién llegados no son bienvenidos, tal y como que ellos mismos no quieren adaptarse,” escribe el director de cine serbio Igor Simić en su comentario titulado Los residuos humanos. A continuación, utilizando la metáfora relacionada con la profesión de un director de cine, Simić insiste en que los refugiados se retratan como personas ante las cámaras, por ejemplo en informes de televisión y reportajes. Bien que, se convierten en “residuos humanos” tan pronto como las cámaras se apagan.

Pero bien, que los refugiados son más que unos “residuos humanos”, por lo cual deberían ser tratados de una manera distinta, recuerda el diario serbio Politika publicando el artículo Los refugiados son personas, no una patata caliente. Y pese a que una patata caliente – el término frecuentemente usado entre la población serbia con el significado de un problema – sin duda puede quemar, no se debería temer por la simple probabilidad de que podría ocurrir una quemadura. Después de todo, no todas las quemaduras son mortalmente peligrosas, por el contrario. Así, por ejemplo, entre los descendientes de los antaños gastarbeiters yugoslavos hoy en día, sin duda, se hallan numerosos alemanes y suizos triunfantes que, presumiblemente, representan el orgullo de sus patrias ricas. Y no sienten miedo debido a la llegada de refugiados, espero sinceramente.

¿Cuál es tu opinión acerca de la tesis de que los refugiados de Siria y Libia son “residuos humanos”?

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