Los outsiders balcánicos III: Romaníes en la universidad

No obstante, ¿por qué estos romaníes podrían convertirse en outsiders balcánicos? ¿Debido a que no son más numerosos en las universidades a lo largo del país? ¿O, quizás justo lo contrario, porque son demasiados, pero falsos? ¿Gracias a que su pueblo de Serbia, a menudo denominado “falsos solicitantes de asilo” en varios países desarrollados de Europa, ahora tiene que lidiar también con falsos romaníes en universidades?

periodista serbia

Stasa Durdic, periodista

La tercera parte de mi historia sobre romaníes la representa una situación vinculada a los dos últimos comentarios. En resumen, en el primer comentario, me imaginé escuchando la canción rusa romaní Cigani ljubljat pesni mientras me preparaba para ir a la universidad, entretanto en el segundo me encontré en un autobús que, pasando cerca del asentamiento romaní la Ciudad de Cartón y cruzando el puente Gazela, me llevaba en la dirección deseada. Esta vez, sin embargo, acabo de llegar a la universidad y en el anfiteatro, entre mis compañeros ya sentados, por primera vez veo a un chico romaní.

Bien que, esta situación última, a diferencia de las dos anteriores, no es imaginaria, sino en realidad se llevó a cabo, por lo que ahora es suficiente sólo recordarla. Y me acuerdo de ella bastante bien, especialmente cuando se trata de la felicidad que sentí al visualizar al compañero romaní de otra especialización esperando a que empiece una conferencia a la que asistimos los estudiantes de todas las especializaciones, matriculados el año 2005.

“Por qué esto es la presencia de ese chico te alegró tanto, qué hay raro en que un romaní esté en la universidad,” me preguntó mi madre al explicarle por teléfono como me sentí en dicho momento. Y, de verdad, sus preguntas tenían mucho sentido.

Lo que no tenía tanto sentido era el prejuicio “romaníes no quieren escolarizarse” que inconscientemente adopté en algún momento de mi vida. En concreto, se trata de uno de los diez prejuicios más comunes acerca de esta minoría nacional, como se indica en un folleto del Centro de iniciativas romaníes de Nikšić (Montenegro). No obstante, el prejuicio en cuestión, en mi caso, lo comenzó a demoler dicho compañero. Eso no es ninguna casualidad ya que, como se indica en el título del artículo publicado en 2011 por el diario serbio Blic, justamente Los romaníes rompen los prejuicios sobre sí mismos.

Bajo el título, se halla la historia sobre “los romaníes serbios jóvenes, con educación e iniciativa”, los que son, como se dice en el texto, lograron a romper la inevitabilidad de la llamada “Trampa 22” romaní: Somos pobres porque seguimos sin educación, somos sin educación porque seguimos pobres. “Slavica Denić es la Secretaria del Estado, Marija Aleksandrović tiene magisterio en literatura y trabaja como profesora universitaria, Ivan Radenković es un diseñador prometedor, mientras Jelica Nikolić es estudiante de periodismo con una beca europea, actualmente en Berlín,” se enumeran los nombres de algunos de estos romaníes a continuación.

En contraste con el/la autor/a de dicho artículo, en mi texto yo no puedo mencionar el nombre y apellido de mi compañero. La razón de esto es que no hemos llegado a conocernos personalmente, a pesar de que me diera cuenta de él aquel día. Pero bien, no podría afirmar si él también sabía que yo existo. La única cosa que sí que la puedo afirmar es que mi compañero no era uno de los “falsos romaníes en universidades” en cuyo fenómeno, casi una década después del comienzo de nuestros estudios, se centraron ciertos medios de comunicación.

Uno de ellos fue Deutsche Welle que en el 2014 el año, entre otros, publicó el artículo titulado Falsos romaníes en universidades. “En Serbia se han adoptado medidas de acción afirmativa destinada a los miembros de la comunidad romaní para entrar más fácilmente a la universidad y también para obtener becas y ayudas en cuanto al alojamiento en residencias de estudiantes. El país partió correctamente de la tesis de que no hay emancipación de esta comunidad vulnerable sin educación y sin la creación de la élite intelectual romaní,” se explica el contexto en el que aparecieron los llamados “romaníes falsos”. En definitiva, se trata de los jóvenes que se identifican como esta minoría nacional, a pesar de que no la pertenecen, y tratan de entrar a universidades bajo condiciones más fáciles, ya que para los romaníes está reservado dos por ciento del total número de escaños universitarios. Con el fin de lograr su objetivo, los falsos romaníes cuentan con la Constitución de la República de Serbia, según la que, en cuanto al origen étnico, cualquier persona puede declararlo tal y como se siente. Por lo tanto, es prácticamente imposible demostrar que alguien no sea romaní si se declara de tal forma gracias a que “la etnicidad sobre todo es un estado mental”.

De allí, volvamos otra vez a mi compañero del comienzo del texto. No estoy segura cómo era su estado mental, pero su apariencia – aunque no estoy convencida que sería políticamente correcto juzgar sobre la etnicidad de uno a base de sus rasgos – mostraba claramente el origen que tenía. Esa misma apariencia también sirvió de predisposición a que mi compañero, al igual que otros romaníes en las universidades serbias, algún día se convierte en uno de los outsiders balcánicos.

No obstante, ¿por qué estos romaníes podrían convertirse en outsiders balcánicos? ¿Debido a que no son más numerosos en las universidades a lo largo del país? ¿O, quizás justo lo contrario, porque son demasiados, pero falsos? ¿Gracias a que su pueblo de Serbia, a menudo denominado “falsos solicitantes de asilo” en varios países desarrollados de Europa, ahora tiene que lidiar también con falsos romaníes en universidades? La respuesta más precisa, me parece, está proporcionada dentro del artículo Los romaníes rompen los prejuicios sobre sí mismos: “Uno de los problemas que enfrentan los jóvenes y educados romaníes es el siguiente – consiguen becas, salen de la pobreza, logran resultados buenos en los estudios y, a la hora de buscar trabajo, debido a otros prejuicios contra los romaníes, vuelven al principio”.

¿Hubo en la universidad en la que estudiabas tú algúna persona romaní?

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Un pensamiento en “Los outsiders balcánicos III: Romaníes en la universidad

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