Los outsiders balcánicos IV: Romaníes sin intérprete

Una cosa, sin embargo, está clara – con la ayuda de un micrófono en la tribuna, la solicitud proveniente del representante de la patria se oye más fuerte en una sociedad, mientras que la escena en la que el diputado romaní se encoge de hombros y empieza a hablar en idioma serbio, gracias a la praxis de que particulares sesiones de la Asamblea se transmiten por la televisión, se graba en la memoria de al menos uno de los espectadores, esta vez en la mía. La imagen de un outsider por excelencia, al menos hasta el momento en que la Asamblea cuente con un intérprete de la lengua romaní.

periodista serbia

Stasa Durdic, periodista

Los que han leído mis comentarios anteriores sobre los romaníes como los outsiders balcánicos ya saben que al inicio de cada comentario, a través de recuerdos, vuelvo atrás en el tiempo hasta la época de mis estudios en Belgrado y dentro de la misma me centro en un evento que me haya pasado (o, por lo menos, pudo ocurrir), con la condición de estar relacionado con los romaníes en los Balcanes. Ni éste, el último de los cuatro textos, no será ninguna excepción, por lo que de nuevo voy a acordarme de un acontecimiento de hace casi diez años. Específicamente, se trata de la emisión televisiva de una sesión de la Asamblea Nacional de la República de Serbia, durante la cual a los diputados se dirigió un parlamentario perteneciente a un partido político romaní.

A saber, el año en cuestión era 2007 y, en las elecciones parlentarias del mes de enero, la lista electoral “El Partido Romaní – Srđan Šajn”, gracias al hecho de representar una minoría nacional, obtuvo derecho de tener un diputado en la Asamblea (el partido ganó 14.631 votos, lo que representaba el 0.36% del número total de votos de dichas elecciones). De esta manera, Srđan Šajn se convirtió en uno de dos diputados de la minoría romaní; el otro se llamaba Rajko Đurić y pertenecía al partido político “La Unión de los Roma en Serbia”.

Bien que, volvamos de nuevo a la sesión de la Asamblea transmitida por la televisión cuyo uno de espectadores fue yo misma. De hecho, en un momento a la tribuna parlamentaria salió uno de los dos parlamentarios romaníes anteriormente mencionados – por desgracia, ahora mismo no puedo decir con certeza cuál de los dos – y comenzó a hablar frente a los demás miembros. O, para ser más exacta, comenzó a hablar en el idioma romaní.

En términos legales, no hubo nada controvertido debido a la utilización de la lengua romaní en la Asamblea. Teniendo en cuenta que, según los datos oficiales, los romaníes representan un poco más del 2% de la población serbia – en el país residen unos 150.000 miembros de esta minoría étnica – dicho diputado utilizó el derecho asegurado por el artículo 11 de la Ley de Protección de Minorías Nacionales titulada “Las lenguas y las letras oficiales”: “El miembro de la Asamblea que pertenece a una minoría nacional cuyo porcentaje en la población total del país llega a 2%, según el último censo, tiene derecho de dirigirse a la Asamblea en su propia lengua”. No obstante, el acto del diputado romaní provocó una risa escondida de la mayoría de sus colegas parlamentarios mientras, sólo unos minutos después del comienzo del discurso, siguió la reacción del entonces Presidente de la Asamblea.

En el fondo, se trataba de la solicitud al diputado romaní para que, si no le importaba, utilizara la lengua serbia entretanto está en la tribuna; la causa de tal solicitud no era la discriminación per se, sino las circunstancias en las que la Asamblea no disponía del servicio de interpretación para la lengua romaní, razón por la que al parlamentario no le entendía ninguno de los diputados presentes, menos su compañero romaní, en caso de estar dentro de la sala en el momento.

Tal vez a alguien le puede parecer que mi historia de hoy sobre los romaníes como los outsiders balcánicos está por finalizar, pero en realidad es justo lo contrario, está por empezar. Porque, el lenguaje es la única patria, como dijo en una entrevista el cantante croata de origen serbio, Arsen Dedić. O, en este contexto, si a alguien se le garantiza el derecho a utilizar su propio idioma en la vida pública de un estado, pero no se le proporcionan las maneras de ejecutarlo, ¿cómo sentir que ese país es la patria de esa persona?

Una cosa, sin embargo, está clara – con la ayuda de un micrófono en la tribuna, la solicitud proveniente del representante de la patria se oye más fuerte en una sociedad, mientras que la escena en la que el diputado romaní se encoge de hombros y empieza a hablar en idioma serbio, gracias a la praxis de que particulares sesiones de la Asamblea se transmiten por la televisión, se graba en la memoria de al menos uno de los espectadores, esta vez en la mía. La imagen de un outsider por excelencia, al menos hasta el momento que la Asamblea cuente con un intérprete del idioma romaní.

Sea como sea, en la Asamblea serbia ya no hay outsiders romaníes, es decir, los parlamentarios que provienen de partidos políticos romaníes. Aunque, un cierto número de romaníes sí que sigue en el Parlamente formando parte de varios partidos políticos mayoritarios. No obstante, estos romaníes hablan en serbio y les comprendemos perfectamente cuando salen a la tribuna parlamentaria y hablan de los asuntos romaníes. Lo único es que, ¿les escuchamos?

Se trata de un duda muy justificada gracias al hecho de que sobre los problemas del pueblo gitano y su posición de outsiders balcánicos todavía se puede y escribir y hablar, incluso en numerosos contextos demás (aunque no lo he tocado en comentarios anteriores, particularmente interesante para mí es el contexto de la llamada “industria gitana” que denomina el rápido establecimiento de un gran número de ONG-s romaníes en Serbia a partir del año 2000, con un enfoque en su objetivo y efectos). Sin embargo, pese a que hay quienes están dispuestos a convertir estos problemas en temas de discusión, así como los que tratan de utilizar la lengua romaní en las tribunas parlamentarias, también es necesario que en el otro lado hayan personas que respondan a dichas iniciativas de una manera diferente a la risa encubierta. Después de que, claramente, se provea el servicio de interpretación para todos los que lo necesitan.

¿Utilizan los romaníes de tu país su idioma en la vida pública?

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Un pensamiento en “Los outsiders balcánicos IV: Romaníes sin intérprete

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