Ciertas circunstancias políticas yugoslavas y el chocolate Milka

De todos modos, mi primer Milka llegó en un avión que voló de Barcelona a Belgrado, en la maleta de mi abuelo, un ex funcionario comunista, una semana o dos antes de que, gracias a la Resolución 757 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del 30 de mayo, a nuestro país se le establecieron sanciones, cosa que contribuyó a la interrupción del tráfico aéreo entre dos ciudades.

periodista serbia

Stasa Durdic, periodista

Cuando se piensa en el año 1992 en el contexto de los Balcanes Occidentales, es casi seguro que la atención de uno se dirigirá a las guerras civiles que durante el mismo año estallaron o comenzaron a agravarse en dos repúblicas de la antigua Yugoslavia, Croacia y Bosnia y Herzegovina. Sin embargo, en caso de los que en ese momento vivían en la antigua república yugoslava de Serbia y tenían 5 años de edad, como yo, es posible que la primera asociación al 1992 no sean las Guerras de Yugoslavia.

A mí, por ejemplo, el año 1992 y especialmente su primavera o, para ser muy precisa, el mes de mayo de 1992, de entrada me trae recuerdos a mi hermano Marko que en ese momento era un bebé de 7 meses y lloraba muchísimo. Además, me acuerdo de las preparaciones para entrar al parvulario. Y, por último, en mi memoria está un chocolate Milka.

Pero, lo que en realidad recuerdo en relación con dicho chocolate Milka es el momento en el que lo tuve por primera vez en mis manos. De hecho, estaba en con mis dos primas en el patio de mis abuelos esperando que el abuelo volviera de su viaje a Barcelona donde fue para visitar una tía mía que vivía allí. Aparte, supongo que nuestra bienvenida era cordial y que el abuelo sonreía entretanto describía las preparaciones para los Juegos Olímpicos de julio de 1992. Supongo, porque no me acuerdo de estas cosas, menos el momento en el que abuelo regaló a las primas y a mí tres chocolates Milka con leche.

Pero, ¿por qué dicho momento era tan especial? Tal vez porque en 1992 en nuestro país, la República Federal de Yugoslavia (RFY), no se vendía chocolate Milka. Aunque, me parece que probablemente esto se debe a la gran importancia que nuestros padres le atribuyeron – Milka fue el único regalo de Barcelona – insistiendo en que el abuelo nos trajo de España “el mejor chocolate existente” (debido a su viaje, durante los años estaba equivocada creyendo que Milka consta como un chocolate español, aparte de considerar que los chocolates españoles son los mejores de todos los existentes).

De todos modos, mi primer Milka llegó en un avión que volaba de Barcelona a Belgrado, en la maleta de mi abuelo, un ex funcionario comunista, una semana o dos antes de que, gracias a la Resolución 757 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del 30 de mayo, al nuestro país se establecieron sanciones, cosa que contribuyó a la interrupción del tráfico aéreo entre dos ciudades. En resumen, las sanciones en cuestión provocaron que Yugoslavia se encuentre al borde de una hiperinflación, que comenzó el año siguiente. Y en estas circunstancias, que marcaron el año 1993, mientras mi hermano disfrutaba haciendo sus primeros pasos, yo obtuve mis primeros libros escolares, tal y como el primer chocolate Milka blanco. O, el primer paquete de chocolate blanco Milka, para ser más concreta.

Suena imposible, pero en realidad no era así debido a la coincidencia de que el entonces Director de las Aduanas en la RFY, Mihalj Kertes, nació y se crió en el mismo pueblo del que procedo, Bačka Palanka. Debido a este hecho, durante el mandato de Kertes, en mi pueblo existía una tienda Free Shop. De hecho, una de las consecuencias de las sanciones era la prohibición de la importación de las mercancías a Yugoslavia – esta praxis causó que numerosas estanterías de los supermercados estuvieran generalmente vacías – que luego llegaban al país por varios canales ilegales. Bien que, una parte de dichas mercancías diariamente era confiscada por la policía fronteriza. Acto seguido, algunas de las mercancías confiscadas se transportaban al Free Shop de mi pueblo y se vendían a los ciudadanos a precios asequibles, asequibles por lo menos para mis padres. Hubo, sin embargo, sólo un pequeño problemilla – nunca se sabía de antemano lo que iba a ser confiscado durante el día, por lo que era imposible predecir lo que aparecería en el Free Shop. Por esta razón, durante un paseo y sin previo aviso, mis padres me compraron allí un paquete entero de diez chocolates blancos Milka; al mismo tiempo, ese paquete fue mi primer stock de chocolate escondido en la despensa del nuestro apartamento de 43 metros cuadrados.

Afortunadamente, en Serbia ya no es necesario hacer ningún stock de chocolate ni de cualquier otro alimento. Justo lo contrario, hoy en día en las estanterías de una gran mayoría de los supermercados a lo largo del país hay se halla una considerable oferta de chocolate Milka; su presencia es incluso tan notable que desde hace años aquí existe el pastel del mismo nombre gracias a que este chocolate representa uno de sus ingredientes esenciales. No es de extrañar que sea así si se sabe que la antigua capital yugoslava, actualmente serbia – Belgrado – consta como una de las ocho ciudades europeas en las que se produce Milka.

Finalmente, los que pensaban que estoy redactando este texto precisamente en Serbia, no se equivocaron. De hecho, mañana se va a casar una de mis primas que, aquel día de mayo de hace casi un cuarto de siglo, también recibió su primer Milka, aunque el abuelo no asistirá a la ceremonia ya que, con 90 años de edad, no se ve capaz. Por otra parte, hace unos días la tía de Barcelona llegó a Serbia y, parecido a muchos emigrantes serbios, tiene la intención de ser la invitada número 1 en la boda. Además, intento comprar un Milka hoy a mis hijos, aunque para ellos Milka es sólo uno de los numerosos chocolates que van viendo diariamente. Y, por supuesto, hasta que nos encontremos en Barcelona, recibid un saludo lila desde Serbia. Porque, estamos en mayo de 2016.

¿Tienes tú alguna experiencia parecida a la mía?

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4 pensamientos en “Ciertas circunstancias políticas yugoslavas y el chocolate Milka

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